miércoles, 15 de agosto de 2007

¿Perdieron la guerra los caribes?



El tema es escabroso por el hecho de que nuestros aborígenes eran ágrafos y no dejaron testimonios escritos o documentos que pudieran servirle a los historiadores para sustentar una hipótesis contraria a la que nos han enseñado desde que la historia las escribieron los españoles o los lacayos del imperio. De esta manera el asunto queda en manos de los antropólogos y etnógrafos quienes pudieran afirmar como lo hacen algunos, que ciertamente los aborígenes ganaron batalla militar , que hoy afortunadamente están ganando la guerra de la exclusión, el desprecio y el racismo.
Hasta este instante se pueden lanzar algunas hipótesis sobre que militarmente no todo el territorio fue dominado ni todo el tiempo fue controlado por los españoles durante el período que duro la “conquista” y todavía más, los españoles sufrieron derrotas significativas que pueden sustentar la tesis de que a los aborígenes no los dominaron por la vía estrictamente militar sino por la vía cultural.
Ello nos mueve a pensar que hay que hurgar en los métodos y la capacidad de etnias como los tomuzas, cores o tesermas y cumanagotos de la familia caribe (casi totalmente desconocidas por nuestros ciudadanos) para saber su capacidad de acción militar en un territorio que conocían mejor que quienes vinieron a invadir y a “conquistar” contando con lo que los cronistas franciscanos y dominicos escribieron sobre estos “indios de guerra”.
Sin embargo, y para no perder el interés por la actualidad, en tiempos cuando una intervención militar de EEUU en Venezuela es un posibilidad probada por las evidencias de un desgaste del petróleo en el Medio Oriente y la mayor voracidad de consumo de esta fuente energética en el mundo, hay analista que indican que para el 2010 en adelante este plan puede concretarse según las la dinámica imperialista por el comercio de la guerra y de la dominación geopolítica.

La hipótesis
Existen dos evidencias que sustentan la hipótesis de que nuestros aborígenes no perdieron la guerra: una la que esgrime Iraida Vargas en la que analiza “La debilidad de los aborígenes no residía, pues, en su armamento, sino en su propia concepción de la guerra. Entre cada batalla, se ganase o se perdiese, había períodos de calma durante los cuales cada quien regresaba a sus pueblos a vivir en paz hasta el próximo encuentro.”,y la otra del periodista e historiador Pedro Calzadilla Alvarez quien lanza el acertijo de por qué entre Caracas y Barcelona no hay ciudades que se consideren de trascendencia histórica o importancia geopolítica y a esto agregamos porque tampoco las hay en el vértice Llanos Caracas –Barcelona.

El licenciado Luis Beltrán Acosta en su libro Pensamiento revolucionario del cacique Guaicaipuro (Ediciones Akurima, 2003) recoge una serie de fuentes documentales que nos acercan a la comprensión del manejo de la guerra que nuestros aborígenes tenían.
Entre otras describe algunas tácticas de guerra de guerrillas que aplicaron especialmente las naciones caribes contra los españoles, reconocidas por algunos jefes militares reales como las notas escritas por el cronista y conquistador Bernardo de Vargas Machuca (Milicia indiana, Colección Claves de América. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1 4).
No podemos desconsiderar que los castellanos venían de guerras estratégicas duraderas en las que aprendieron tácticas militares avanzadas, esa quizás pudo ser una ventaja en la confrontación con los caribes del Valle de Caracas y de las planicies del centro occidente, pero en la región norte costera (barlovento) y oriental fue distinto, allí la resistencia militar se alargó por muchos años en la que sin dudas contribuyó el aporte bélico hecho por los holandeses y británicos interesados también en dominar el territorio, pero fueron los tomuzas, cores, tesermas quienes resistieron largamente la ofensiva militar española.

Ciertamente hubo asociaciones de naciones aborígenes que considerando tener un enemigo común, se reunieron y utilizaron técnicas muy profesionales de ataques aprendidos en escuelas de entrenamiento para fines exclusivamente de guerra y que se plantearon una lucha de resistencia común a través de los consejos de caciques o de jefes especialmente entre las naciones caribes.
La práctica de centinelas infiltrados en las líneas españolas, especialmente mujeres que eran destacadas para conocer detalles del comportamiento y la organización interna de la llamada milicia indiana, nos deja pensar en la vulnerabilidad del ejército español que trajo como consecuencia las sucesivas derrotas militares de los soldados del rey.
Algo muy importante de mencionar, en este punto, es el conocimiento
que obtuvieron los guerreros tomuzas del modo de vida supersticiosa del español medieval, quien vino a conquistar estas tierras, los guerreros Caribes identificaron el pavor que los españoles les tenían a los bosques y a los monstruos que supuestamente habitaban allí. Luego, optaron por disfrazarse de monstruos, como aquellos guerreros conocidos como los waipanomas, hombres con la cara pintada de negro y en su tórax, dos círculos similares a dos grandes ojos, que fueron dibujados y descritos por los cronistas de la “conquista” como “hombres sin cabeza”, que aparecían con frecuencia de noche con alaridos de horror entre los bosques cercanos a las rancherías españolas.
Estas eran, entre otras, las labores de inteligencia que con mucha delicadeza se enseñaban en las escuelas de guerra de los tomuzas, igual que en otras naciones caribes.
De las emboscadas que menciona Bernardo de Vargas Machuca en su manual de guerra titulado Milicia indiana, dejó un compendio sobre este recurso bélico de los aborígenes a saber: emboscadas en las aguadas, emboscadas en los pasos reales, emboscadas en la caza, emboscadas en los servicios (leña, fuego) etc.
Cada una de ellas, preparadas con cuidado, tomando en cuenta el terreno, las vías de escape y el punto de reencuentro de los guerreros. Es decir, la táctica de ataque furtivo y retirada, reagrupamiento, ataque y de nuevo repliegue, tácticas desconocidas por el ejército español y que hoy conocemos como guerra de guerrillas.
No obstante la visión ritual que los aborígenes tenían de la guerra, distinta a la guerra de exterminio de los castellanos y que se practica en las sociedades clasistas, nuestros aborígenes pudieron haber perdido esa batalla ideológica pero la batalla militar habrá todavía que probar con testimonios irrefutables que fue perdida por quienes han resistido más de cinco siglos de dominación.
Esa batalla ideológica ganada por los europeos, todavía hoy, se entabla en la falsa creencia de la barbarie e ignorancia de os ciudadanos y ciudadanas aborígenes, en el racismo, la exclusión y en la incomprensión de su propia cosmovisión y cosmogonía.
La batalla ideológica y militar continúa y a mi modo de ver será duradera, nos daremos cuenta de ello cuando los marines desembarquen en las costas de Barlovento o en las costas del Meta y entonces comprenderemos lo útil de las enseñanzas de nuestros aborígenes de ayer que desde su propia lengua hasta sus métodos serán muy ventajosos para seguir resistiendo.

Aldemaro Barrios Romero
aldemarobar@yahoo.es

viernes, 10 de agosto de 2007

La huella del tigre.


Hace algún tiempo me contó Perucho Enríquez, un viejo llanero de Tucupido del Llano (Guárico venezolano) que su compadre Pedro Genaro Barrios le pidió que fuera a matar “ese tigre que le tenía azotà las vacas”. Eran los años treinta, tiempo de invierno, cuando Perucho salió a las tierras quebradas de Uveral con el Cano Alvarez a velar el tigre, lo oyeron en la alta madrugada enfrentándose a una vaca parìa y con el ternerito mordido por el pescuezo, brava la vaca madre al ver los hombres se les fue encima, entonces el tigre soltó el becerrito y se perdió en la sabana de Chepedìa al norte de Guárico.
Los cazadores siguieron las huellas del tigre hasta que las perdieron y nunca más volvieron a saber del tigre de Chepedìaz.

Hoy encuentro las huellas del tigre, de otro, de El Tigre de la Nietera, Antonio Castillo, que desde Barinas me envía el disco titulado con ese nombre “Las Huellas del Tigre”, viene acompañado esta creación con el ánimo de amistad que profeso a este hombre humilde, quizás uno de los últimos de una generación que Dios se ha ido llevando poco a poco como para que no le reclamen la ausencia de los cantores cabestreros que en los años,50, 60 y 70 surgieron desde los montes y sabanas del llano venezolano.

Antonio Castillo o El Tigre de la Nietera, bautizado por razón de un corrìo del mismo nombre que el cantor interpretó cuando comenzaba su carrera, haciendo viva la letra de un reconocido tigrero (Germàn Zing), apenas era un muchacho flaco de Cunaviche buscando horizontes de fama que otros habían encontrado en las radios, rockcolas y en los eventos populares donde eran muy queridos.

El sueño de ese muchacho hoy se vuelven a hacer realidad después de más de treinta años cantando por los cuatro puntos de la Gran Colombia, es decir en el llano venezolano y el colombiano, cuando Antonio saca un disco con diez poetas llaneros y con su grito aluvional que le sale de la clavícula y que tiene el espíritu del galope que empuja el viento movido por el cajón del Orinoco cuando vienen llegando las aguas de invierno.

Ese joven venía de las costas de Cunaviche en el Hato San Gregorio allí lo llevó su padre a trabajar desde que era niño, había nacido el punto Piedra Azul en el Capanaparo y le tocó formarse de becerrero, ordeñador y de arriero por esos campos lejanos, para luego encontrarse con el “pueblo” sin otra facultad que su cultura de trovador de tonadas, cantos de ordeño y de arreo, con un fajo de coplas y romances aprendidos en la sabana que los de San Fernando escucharon a través de la Voz de Apure.

Conocí a Antonio Castillo junto a Nelson Morales cuando los presenté en el Teatro Municipal de Caracas (2004) en el montaje del duelo de Florentino y El Diablo, recuerdo que le di al Tigre de la Nietera un formidable cuchillo hecho de una hoja de motosierra que lo ocultó en el fajo de su vestimenta sin que Nelson Morales El Ruiseñor de Atamaica supiera; todo con el pretexto de que Nelson se asustara cuando el diablo (Antonio Castillo) se lo desenfundara al momento oportuno del verso y ciertamente a Nelson, que en paz descanse; se le desorbitaron los ojos al ver aquella arma oscura y horrorosa levantada por su contrario, después del acto Nelson, mi amigo, reclamó y me dijo que esas cosas no se hacían y yo le dije que aquello era un duelo.

Los dos hicieron un acto que pocas veces se ve en Caracas, porque eran de esa generación de trovadores cultores del verso sabanero, aprendidos en el trabajo de soga y el grito del transporte de ganado, Nelson ahora en el cielo y Antonio continua marcando sus huellas de tigre por los caminos del verso romancero, hoy como ayer con la misma sencillez campesina como cuando salio de Cunaviche a finales de los años 60.

Luís Martínez, uno de los compositores de las Huella del Tigre, fue el promotor de la idea magnífica de reunir diez bardos de alta jerarquía de la poética llanera, donde se incluye al mismo Tigre de la Nietera, para que fueran interpretados por el mismo Antonio Castillo acompañado por la gloria de los bordones, Eudes Alvarez y su conjunto.
Para uno resulta un honor escuchar a quienes hemos seguido las huellas del Tigre por años escuchándolos en botiquines donde se escuchaba este género porque en las radios había que madrugar para escucharlos y aun hoy cuando por ley en Venezuela están obligados a radiarlas resulta cuesta arriba apreciar a los mejores como escuchamos en este disco La Huella del Tigre.
Antonio Castillo no es un vendedor de discos, es un trovador de romances y un pequeño productor agropecuario, pero tiene unos discos para vender y sobrevivir al imperio de las disqueras, quienes hoy lean estas líneas sepan que pueden comunicarse al correo venezuelared@gmail.com que algunos de sus amigos le hemos creado para que él les envié los discos que quieran y que como querendones de esta tierra tenemos el deber de promover para que las nuevas generaciones reconozcan los valores patrimoniales que nos hacen sentir orgullosos de lo que somos.

Tigre, sepa que le seguiremos las huellas, para tratar de cazar los versos que su gañote glorioso lanza al viento en tiempos de invierno y de verano, para tratar de capturar el mensaje sublime que sacan de los romances que le cantan al trabajo, a la mujer, a la patria mitológica, a la tierra madre de hombres y mujeres dignos y dignas de América.

Aldemaro Barrios Romero
aldemarobar@yahoo.es

lunes, 6 de agosto de 2007

Sociedad comunitaria aborigen


Sociedad igualitaria

Las fuentes que registraron testimonios históricos de las sociedades primitivas venezolanas las encontramos en los cronistas españoles como José Oviedo y Baños, Juan de Castellanos, Fray Antonio Caulín e incluso el escribano conquistador Bernardo de Vargas Machuca muchos de ellos religiosos que comprendieron lo sugerido por Antonio Nebrija a los Reyes Católicos en 1492, cuando les indicó “que el Imperio será más imperio por la lengua que por las armas” aunque para entonces no se había producido el genocidio más grande las historia de la humanidad.
Efectivamente pocos historiadores venezolanos hablan de la derrota militar que sufrieron los españoles en la dos primeras centurias de su proceso de conquista (1500-1600) en territorio de la Provincia de Venezuela, la de Caracas y la de Nueva Andalucía, sin embargo y en razón de una lógica elemental sugerida en las tesis de tácticas militares, atando retazos de crónicas y de lo investigado por algunos científicos históricos podemos deducir que el proceso de resistencia militar aborigen entre los siglos XIV y XV fue ciertamente exitoso.
De allí que la siguiente etapa para dominar los grupos indígenas, vista la derrota militar española, se sustentó en lo expresado por Antonio Nebrija en 1492, ( la lengua es el instrumento del imperio) la dominación cultural con la hegemonía del pensamiento católico-cristiano sobre la población de entonces, se libró una lucha que no fue tampoco aceptada de manera pacífica por guerreros tomuzas, cumanagotos y otras etnias que habían librado feroces combates contra los españoles en el ámbito militar, sino que llevó otra centuria de batallas para poder tener un dominio supremo sobre la población aborigen mediante la dominación cultural.
Algunos investigadores venezolanos, han elaborado hipótesis que hoy nos sirven para conocer valores que sustentaban la sociedad aborigen y sus luchas por resistir a modelo impositivos que funcionaron como instrumentos de dominación ideológica.
Entendiendo un factor propio de la cosmovisión indígena caribe-arawaca la guerra para ellos no tenía un fin de dominación estatal como era para las sociedades aztecas o mayas o las hispanas a decir de la historiadora venezolana Iraida Vargas: “Para los indígenas de la sociedad caribe caraqueña, la guerra era parte de la convivencia con otros grupos humanos, del ritual, de la vida cotidiana pública. Por el contrario, en las sociedades estatales, incluyendo en ellas los Estados preindustriales americanos Azteca e Inka, la guerra significaba la conquista de territorios, explotación de la fuerza de trabajo sometida, apropiación de recursos naturales e imposición de un sistema de dominación política, social y cultural sobre los grupos humanos conquistados.”
Los caribes podían guerrear unos días y luego regresar a conversar con los vencidos, sin establecer mecanismos de dominación o exterminio propios de sociedades clasistas, es la comprensión del mundo sin clases sociales, de una cosmogonía basada en lo ritual cotidiano y no en la guerra de supresión aplicada por los españoles para la esclavización de los sometidos por la fuerza.
Para comprender esta manera de pensar aborigen es necesario entender los elementos constitutivos de sus modos de vida, de trabajo, su espiritualidad ( la solidaridad, la asociatividad etc) luego como la colonización sustentó sus raíces ideológicas en los dominados tanto aborígenes como negros, imponiendo los códigos del pensamiento católico-cristianos, pero sobre todo los valores que se corresponden con una visión apocalíptica de la vida, dejando reducidos otros valores cristianos como la justicia, la solidaridad, la humildad, el amor al prójimo para uso exclusivo de la clase religiosa.
Eduardo Galeano lo indicó en sus escritos cuando consideró el valor del pasado aborigen en la búsqueda de las nuevas relaciones sociales y del pensamiento socialista latinoamericano "celebración de los vencidos y no de los vencedores" y al salvamento de algunas de las más antiguas tradiciones del continente, como el modo de vida comunitario. Porque es "de nuestras más antiguas fuentes" de donde América puede sacar sus fuerzas vivas más jóvenes: "El pasado nos habla de cosas que interesan al futuro"
En fin se trata de la apuesta por encontrar una estructura de pensamiento social que en sus formas de organización y de distribución del trabajo permita la “mayor suma de felicidad posible“ como lo señaló Simón Bolívar, la misma que pasa por revisar las formas comunitarias de organización de nuestros aborígenes, de los aportes que ellos con su inteligencia y astucia militar permiten reconocer no solo formas de distribución en lo social de la vida asociativa comunitaria sino para actuar tácticamente en los enfrentamientos durante la guerra hispano-aborigen de la que pocas veces nos hablan los libros de historia y que tiene un legado casi totalmente desconocido.

Aldemaro Barrios Romero

miércoles, 1 de agosto de 2007

Tomuza: la palabra


La voz de origen aborigen “Tomuza” ha sido usada en Venezuela para significar " cabellos desordenados", es una voz cuyo etimología original en lengua arawac significa “montaña” dicen algunos especialista, sin embargo los venezolanos la entendemos como cabellera abundante y desordenada, recordemos la moda de los años 70, cuando los jóvenes de entonces llegaron a usar unas enormes “tomuzas” que eran conocidas como afros.
Sin embargo detrás de su significado hay unos códigos que debemos desclasificar cultural e históricamente puesto que se trata no de una simple voz o de una toponimia cualquiera.
La designación de tomuza, “pelo abundante o desordenado”, viene muy probablemente por la manera como los aborígenes tomuzas usaban su pelo, y quizás el sentido peyorativo viene de la visión racista de los grupos sociales dominantes de la época de la colonia, significado que hoy día se mantiene en el habla coloquial venezolana. Escuchamos con frecuencia decir a las madres “Muchacho péinate esa tomuza” “Córtate esa horrible tomuza que pareces un indio”. Sobran las explicaciones.
Los aborígenes tomuzas fueron una nación que por el territorio ocupado y por los registros de cronistas de la “conquista”, dieron mucho que hablar y mucho que lidiar a los españoles de los siglos XVI, XVII y XVIII y cuya historia fue enterrada con la misma intensidad con que trataron de borrar las huellas de los tomuzas por quienes escribieron la historia de este país.
Deducimos, con todo el riesgo que ello implica, que los tomuzas derrotaron a los españoles militarmente durante los dos primeros siglos de guerra hispano aborigen, especialmente después que estos aprendieron a usar y fabricar la pólvora, adquirieron y usaron armas de fuego de la época, por lo que dicen los registros de los cronistas españoles, y solo fueron derrotados culturalmente por los religiosos franciscanos dominicos, quienes en campañas de evangelización se internaron en un territorio de los “indios de guerra” que abarcaba todo el territorio norte del hoy estado Guárico, Barlovento y parte del noreste del estado Anzoátegui, territorio inexpugnable e infranqueable protegido por una serie de grupos étnicos naturales liderados por los tomuzas.
Fueron estos “indios de guerra” un verdadero dolor de cabeza para las autoridades españolas en tanto que la colonización del oriente y el dominio de los llanos resultaba una prioridad comercial por comercio del cuero de ganado y otros productos que era mercadeados a Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico y extraídos de estas tierras con el sudor de los indios guateaos y negros esclavos.
Fue con las palabras dulces y la mansedumbre de los dominicos como los tomuzas fueron exterminados, largados a los lugares más intrincados de las montañas del hoy estado Miranda, sometidos, divididos y confinados a las minas a Apa y Capara. Minada culturalmente la nación Tomuza, se desorganizó y dejó de ser un “peligro” para los intereses de la Corona española.
Hoy para significar “tomuza” además de la designación de pelo desordenado, queda una toponimia cuyo nombre es “La Tomuza”, se trata de un caserío en un centro de montaña cercano al cerro El Bachiller en el Municipio Pedro Gual del estado Miranda, que de casualidad no fue borrado del mapa por los bombardeos de los camberras durante la guerra de guerrillas de los años 60 y contra las poblaciones campesinas herederos los fieros “indios de guerra” que apoyaban ese movimiento guerrillero desde donde operó el Frente Guerrillero “Ezequiel Zamora”.
Los venezolanos y venezolanas de hoy, tenemos en los Tomuzas las virtudes de un pueblo que resistió victoriosamente durante más de dos siglos la afrenta contra la libertad de un pueblo que trataron de dominar los “conquistadores” y que lejos de darle un significado peyorativo a esa palabra es motivo de orgullo y de dignidad.

Aldemaro Barrios Romero
aldemarobar@yahoo.es
Ilustraciòn. Ernesto Leòn (serie Tomuzas)

La contrucciòn de la barloventeñidad


HAY UN CABO QUE OBSERVA
El Cabo Codera no deja de mirar la inmensa laguna salada que le refresca su rostro endurecido por la cadencia de la naturaleza y la mano del hombre. Con su mirada perdida en el horizonte, el Cabo Codera ha visto caer la noche en pleno día, pero también ha visto salir el día en plena noche, como relámpagos
tormentosos al grito de Malavi Maticú Lambí. Misteriosamente y enmudecido ha palpado y sentido el tiempo, que no puede escapar del espacio refrescante, esperanzador y angustiante que va desde LA PIEDRA DE DORMIR, en Chirimena, hasta el legendario San Pedro Alcántara de Chupaquire, antiguo lugar perdido por los alrededores de Cúpira.
Cuentan que la Piedra de Dormir fue una hermosa muchacha negra barloventeña, de senos muy paraditos, de nalgas perfectamente redondeadas y sensualmente abultadas, sonrisa de marfil, cintura de guitarra emborrachada de luna de agua. Esa muchacha se enamoró del mar y descubrió sus secretos profundos, gozando inmediatamente de las caricias de las ondas marinas y penetró en el recóndito misterio de los fondos subacuáticos. Llegó a tener una enorme obsesión por el mar. Olvidó a hermanos, parientes amigos.
Asumió todo lo que era infinitud, horizonte, oleaje, plenitud, soledad absoluta. Desobedeció a sus padres. Por esa actitud los lugareños hicieron una conjura para convertirla en piedra. Hoy permanece allí empinada, ni en el mar, ni en la tierra. Las ondas del mar la acarician, pero la tierra la sujeta y no la deja sumergirse en el abismo oceánico.
El otro extremo que observa el Cabo Codera es San Pedro Alcántara de Chupaquire, lugar no visible que vivió uno de los más terribles momentos de la historia cultural barloventeña, pues los primeros habitantes de ese espacio conocidos como Tomuzas, se opusieron a la penetración colonial que venia con pasos agigantados desde las misiones de Pìritu con la finalidad de exterminar los mitos, los símbolos y el matrimonio hombre-naturaleza.
Allí se enfrentaron CHANCHAMIRE, dios de las aguas dulce de La Laguna de Tacarigua, y la CRUZ de la ortodoxia católica, símbolo de la conquista, la colonización, el despojo y la opresión. Fue una lucha cruenta entre el día y la noche, entre el bien y el mal, entre la cultura del trigo y la cultura de la yuca, entre el hombre del frío y los hombres del trópico. El Cabo Codera, desde lejos, testificó calladamente e impotente ese combate desigual que se decidió a favor de la Inquisición y el etnocidio de una cultura que, según las excavaciones recientes, remontan más allá de la edad de Cristo. Con su frente y su mirada que abarca toda la costa barloventeña, el Cabo Codera ha escuchado y mirado tantas cosas que las fue guardando secretamente para desde su aposento mágico configurar la cultura del espacio barloventeño.
Tenemos que la especificidad cultural barloventeña se fue configurando a través de su historia y su espacio. Quiriquires, Tomuzas, Hispanoàrabes, Canarios, Congos, Minas, Fon, Carabalìes, entre otros grupos étnicos con sus componentes culturales fueron enredándose unos con otros en concubinatos nocturnos para hinchar el vientre y parir nuestro modo de ser. Pero ¿Que es la especificidad cultural barloventeña?. Cuando hablamos de Barloventeñidad nos referimos a aquellos valores, tradiciones, historia, espacio geográfico y natural que se enraizaron en nuestra corporeidad. Ese conjunto de valores culturales es el resultado de un proceso histórico, construido en un espacio concreto, determinado por hombres y mujeres que incidieron en espacios cimarrones, religiosos, festivos, danzarios. Hombres y mujeres que construyeron creativamente su imaginario lo que conllevo a la estructuración de un modo de ser que va desde la relación con la naturaleza hasta el sentido religioso, la relación de familia, la solidaridad tan perdida en los tiempos de la postmodernidad.
Existe una cultura sedimentada en una profunda relación AFROHISPANOÀRABE, pero el aspecto indígena no deja recordarnos nuestra deuda con los TOMUZAS y QUIRIQUIRES. La cultura de la yuca nos sigue alimentando, el cazabe, la naiboa, el capino, el almidón, la leyendas de CHANCHAMIRE. Los nombres de los pueblos como Capaya, Caucagua, Curiepe, Cúpira, El Guapo, Higuerote, Mamporal, Panaquire, Tacarigua, nos refrescan nuestra ancestralidad indígena. Estos nombres de pueblos tiene su significado predominantemente en lengua Caribe y Cumanagotos según los indigenista Arìstides Rojas y Lisandro Alvarado. Capaya, en lengua Caribe significa roca, peña o piedra. Caucagua, en Cumanagoto quiere decir lugar de aguas impetuosas o cauces de aguas. Cùpira, significa en lengua Caribe “un pez de agua dulce que abunda en los ríos cordilleranos”, también fue un cacique. Curiepe o “lugar donde mataron al acure” en lengua Cumanagoto. El Guapo es una planta herbácea rica en almidón, este nombre es de origen Caribe. Higuerote, viene de la voz Igoroto, antiguo cacique. Mamporal, viene de la voz indígena Mapora que en lengua Arauco significa lugar poblados de mapora, planta de tronco cilíndrico que crece hasta unos trece metros de alto. Panaquire, voz Caribe que procede de “pana” que significa oreja y “quire” picazón. Tacarigua, voz que se traduce como árbol bombaceo también conocido como “lano” y sirve para hacer canoas. Tapipa, en lengua Cumanagoto traduce “enramada o troja que utilizaban los indígenas para mirar desde lo alto”.
Tenemos que la especificidad barloventeña tiene su base en su diversidad etnogenètica misma. La presencia africana de los grupos étnicos que procedían de las civilizaciones africanas , ubicadas al sur del desierto del Sahara, dejaron una huella imborrable y perceptible. Como esclavos fueron introducidos durante el siglo XVIII en los primeros centros poblados barloventeños como Caucagua, Araguita y Capaya, después Panaquire, Curiepe, Mamporal, Tacarigua, Cúpira, El Guapo, Río Chico. Para las ultimas décadas del siglo XVIII existían aproximadamente QUINIENTAS HACIENDAS DE CACAO donde fueron distribuidos 4.872 ESCLAVOS. Con la ocupación involuntaria del territorio barloventeño por parte de los africanos y sus descendientes se van a entrejer nuevos códigos que se segmentarían en el proceso de conformación de la pluralidad cultural regional. Hasta ahora algunos autores han pretendido hacer ver de que los hombres y mujeres del África subsahariana no contribuyeron en las técnicas para el trabajo agrícola, y eso nos parece tremenda desacierto pues ellos, hombres también de la tierra trajeron también sus técnicas, basta recordar que ellos procedían de antiguas civilizaciones como Kongo Dia Ntotela, Dahomey, Yoruba, Ghana, entre otros, que para alimentarse tenían que cultivar la tierra. Pero también es indiscutible que con ellos venían internalizado códigos morales, políticos y de guerra que se tradujo en el permanente cimarronaje que sacudió a Barlovento durante el siglo XVIII y hasta las cuatro primeras décadas del siglo XIX, pasando por supuesto por la guerra de independencia. La cultura es una de las expresiones humanas mas perceptibles de la contribución africana al proceso de conformación de nuestra barloventeñidad: música, danza, religión, culinaria, técnicas de peinados, gestos, entre otros aspectos, marcarían definitivamente la especificidad regional.
La etnogènesis de nuestra barloventeñidad es esencialmente AFROINDIGENA. El punto de partida histórico de la cultura barloventeña esta sustenda en esa mezcla de Quiriquires-Tomuzas y Kongos, Carabalies y Fon, que delinearon esa especificidad. Esa práctica se vio en el Cumbe de Ocoyta en 1791, así como también en los intercambios culturales. La población barloventeña es mayoritariamente negra y en segundo lugar “zamba”, término que utilizaron los colonialistas para definir la mezcla entre el indio y el negro.
De esta alucinante simbiosis biológica y cultural, tenemos en los dias de hoy una hermosa CULTURA DE RESISTENCIA que pugna por su preservación dinámica frente a los procesos de desarraigo y desarticulación a que es sometida nuestra región
La hispanoarabidad es el tercer elemento que definiría nuestra barloventeñidad. Es un error seguir hablando de cultura española “pura”, sino no se mira en la relación histórica de los ochocientos siglos que estuvo la cultura Árabe en España. Como cultura dominante abonó, al proceso histórico de la barloventeñidad, las reglas de las formas del poder político social, parte de la arquitectura, la definición del espacio geográfico, la lengua, las instituciones, los focos primarios de la corrupción, los vicios, los prejuicios, la religión dominante y la discriminación que luego se convirtieron en valores de la sociedad global.
He aquí el origen primario, desde el punto de vista histórico de nuestra barloventeñidad. He aquí el molde donde se vaciaron estas civilizaciones que incidieron en este valle profundo y diverso.
En los actuales momentos, debido a las migraciones recientes de árabes y portugueses, que controlan gran parte del comercio barloventeño, se han ido introduciendo elementos de sus respectivas culturas, lo cual va ir produciendo elementos de enriquecimiento que originará un nuevo proceso de TRANSCULTURACIÓN, en algunos casos y DESPLAZAMIENTO CULTURAL, en otros.


Jesus "Chucho" Garcìa.
Ilustraciòn: Ernestò Leòn (serie Tomuzas)

viernes, 27 de julio de 2007

Amèrico Silva, El Catire martir


«Nuestros muertos, nuestras banderas, merecen, al menos, que reproduzcamos alguna parte de su ejemplo, alguna parte de su sacrifico, de su heroísmo»
Jorge Rodríguez,Vicepresidente Ejecutivo de la República. 26 de julio de 2007.


Un texto que corresponde al título Los Caminos del Guerrero* encontrado en Internet, realizado en 1972 da cuenta de que al combatiente Américo Silva lo venían siguiendo desde que bajó de las montañas de Oriente en diciembre de 1971, siendo comandante guerrillero para incorporarse como organizador de un frente guerrillero en Guayana.
Ese texto más aparecido a un informe policial que a literatura, encontrado en la web está firmado nada más y nada menos que por Luís Posada Carriles, hoy confeso terrorista y protegido del gobierno de Washington, entonces oficial de alto rango en la policía política venezolana (DISIP), agente especial destacado para diseñar labores antiguerilleras y de inteligencia para penetrar la guerrilla venezolana desde los años 60.
Este testimonio lo da Luís Posada Carriles en su informe y nos preguntamos hoy ¡¿sabían las autoridades detalles de la movilización de Américo Silva antes de ocurrir el supuesto enfrentamiento? Si esto fue así entonces estamos ante una delación, la presunción viene por las características del texto descriptivo de Posada Carriles, que contiene detalles de las actividades que Américo Silva estaba realizando en la región guayanesa. ¿Estaba siendo seguido? Sin duda y lo habían “zapeado”, sin dudas.
“Eran las once de la noche…en el kilómetro 27 había una alcabala de la Guardia Nacional, detienen el carro donde venían los guerrilleros y los guardias le pidieron sus identificaciones (eran falsas) …el soldado José Raúl Alcalá notó algo sospechoso y los mandó a bajar del vehículo, Américo Silva desenfundó una pistola 45 y le disparó al soldado quien cayó mortalmente herido…”
¡¿Quién zapeó a Américo Silva? ¿Porqué Bandera Roja hoy esta confabulada con la derecha más putrefacta? ¿Qué sabrá Gabriel Puerta Aponte sobre lo ocurrido entonces? Son preguntas que nos hacemos hoy y que deben tener respuestas.
Sus compañeros de lucha de El Bachiller recuerdan a Américo Silva como un hombre íntegro, de una valentía y rectitud moral a prueba del fuego más intenso pero sereno, de aspecto físico delgado, catire y ligero de caminar. Alguna vez en uno de los hostigamientos que hizo el ejército a los miembros del Frente Guerrillero Ezequiel Zamora en un sector cercano al sitio de La Raya, entre Guárico y Miranda cercan de Macaira, al sorpresivo ataque de la infantería de marina, los 58 guerrilleros que acampaban allí, se dispersaron en un sistema de repliegue y contraataque preconcebido. Súbitamente Américo consigue el escape por el camino de una quebrada agua abajo, corre velozmente seguido muy de cerca por otro combatiente, Rafael Barrios, alias Tabaquito, bajo una lluvia de balas de fal silbando las cabezas guerrilleras con murmullos de muerte.
Detrás de ellos venía un pelotón de soldados de infantería, que disparaban asustados y desordenados, sin puntería. En la carrera aguas abajo, Tabaquito observa que Américo salta por los aires al vacío y sin otro recurso también se lanza al vacío, diez metros abajo caen en un pozo de agua que cruzan nadando para perderse en la espesura de la montaña y escapar del acoso militar.
Distantes habían dejado a los soldados, entonces los dos guerrilleros ya tranquilos se recuperaban de la huida, de pronto Américo se dio cuenta que había perdido las cacerinas de su fusil AK, cosa que él se autocriticó siempre, porque ello no debía ocurrirle a un guerrillero, por esto se lamentaba y exponía su caso como una experiencia que no debía repetirse según cuenta su compañero de lucha. Ahora podemos decir que menos mal se perdieron dos cacerinas y no perdieron la vida porque si no hubiéramos perdido el tesoro de esas memorias de la lucha libertaria que estos combatientes mantuvieron y mantienen por años.
Hoy queda pendiente el juicio moral a quienes traicionaron los principios de justicia por los que cayeron miles de venezolanos, hoy los sueños de màrtires como Amèrico Silva estan floreciendo en escuelas, fàbricas, camino al socialismo que ellos proyectaron y que hoy millones de niños, jòvenes, mujeres y hombres venezolanos construyen.

* Portal Internet: Los Caminos De Guerrero. Luís Posada Carriles

Aldemaro Barrios Romero
aldemarobar@yahoo.es

jueves, 26 de julio de 2007

“Lo que querían era matarme”

Cecilio Canelón. 1964. Testimonios desde las torturas de la IV República

Cecilio Canelón, era sobrino de Desiderio Canelón el mismo de la canción de Ali Primera “Me lo contó Canelón”. Cecilio fue capturado en 1964 como él lo cuenta, y ciertamente sirvió como correo al Frente Guerrillero Ezequiel Zamora del Bachiller en Miranda, norte de Venezuela, cuyo Comandante para la época era Fernando Soto Rojas, durante los años 64, 65, 66 y 67. Miembros de su familia fueron asediados, torturados y algunos de ellos asesinados, sin embargo el nunca negó, delató o traicionó a su grupo, fue un verdadero héroe de la entereza heredada de la raíz aborigen tomuza que habitó esos mismos territorios durante la guerra de resistencia aborigen en el siglo XVI.. Cecilio Canelón murió en noviembre de 2006 en San José de Guaribe, estado Guárico, hoy ofrecemos la trascripción de una entrevista realizada en septiembre de 2005 que a continuación presentamos.

“Yo me llamo Cecilio Antonio Canelón Arzola, Yo nací en Turiepe (Miranda) me crié en Turiepe…me dijeron que no volviera pa` allá cuando salí (de la cárcel)
(1964) Yo estaba en Turiepe y fui a la Trinidad en Río Grande a un velorio de una comadre que se había muerto. Y ahí estaba el delator un tal Pino, un infiltrado en la guerrilla, entonces en lo que se dio cuenta de todo, se fue y allí fue que supieron todo lo que había en la montaña y todo lo que se hacia.
Después que me detuvieron en la Trinidad, el carajo, ya vestido de verde, no lo conocí de momento, me dice, “tu vas a decir todo, con tal que tu digas todo, a ti no te va pasar nada”, le dije, si es que yo no se nada de eso, todo esto fue cuando me traían en el camino cuando íbamos pa` bajo (San José de Guaribe, Guárico), me traían preso, esposado de Río Grande pa` acá, en un convoy del ejercito , el río estaba hondo y esa vaina pasaba por esos grandes barrialones.

Me trajeron y me metieron en la Escuela Artesanal Granja, me dijeron “no te pares de aquí estate sentado porque si te paras te matamos, ese hueco que tu ves ahí fue un tiro que le dieron a uno”. Me quitaron la ropa, todo, todo, me agache arrescostaito en un rincón ahí pasé la noche, llevando picó e plaga, entonces a los tres días me pasaron pa` Cùpira en un helicóptero, a mi y a otro viejito que llamaban Carlos María Vasquez. Me esposaron y me amarraron y se me sentó un teniente al frente, así, y sacó la pistola se la puso así (señala a un lado) no me quitaba la vista pero ni un segundo con la pistola montà y agarrà. Yo dije horita me echa un plomazo y entonces me zumban pa` abajo porque vivo no me pueden zumba porque me le guindo y entonces no vamos los dos.(Sonríe)

Bueno, allá (Cùpira) me entregaron a un carajo que me puso un fal en la espalda y me dijo sigue por ahí, y yo veía pa` los lados y eso estaba así de gente de verde, y entonces me dijo “¿Cómo que te quieres ir corriendo?”. Yo pensé inmediatamente, este carajo lo que quiere es matame y decì que yo me había ido corriendo, que por eso me había matado. Yo le dije, chico yo no se pa` donde voy, tu me dices siga por ahí y yo no se pa` donde voy, y me dijo “pa` allá, pa` allá”, me sentó en una barranca donde había un caño y el agua me daba por aquí (señala las rodillas) lo pies metidos en el agua, bueno eso fue en julio del año 64 (1964).

Cuando llegue ahí , me preguntó un capitán, yo no supe nunca el nombre de esa gente, el que se la pasaba allá era un coronel, de apellido Bonilla, no le supe el nombre, entonces el capitán dijo “estos eran los colaboradores de la guerrilla, nos vas a contar todo” entonces sacó una cachiporra, una vaina que utilizaba la Seguridad Nacional pa` jode a los presos y me dio dos coñazos uno por cada lado del pecho, entonces me dijo “Ustedes son cabeza dura, te vamos a matar si no hablas” Yo le dije, yo no tengo que hablà, porque yo no soy guerrillero, yo no estado nunca en guerrilla. “Pero ustedes son colaboradores porque a nosotros nos dijeron” y le pregunte y quien le dijo “Aquí nunca se sabe quien dijo las cosas”. Bueno a los tres días nos pasaron al pueblo (Cupira) y nos metieron en un calabozo, ahí nos metieron 15 en un calabozo a donde cabían tres, dormíamos uno sobre de otro.

De ahí me llevaron pa` Caracas, entonces cuando íbamos en el camino antes de llegar al Guapo, se paró el autobús donde estaba el campamento militar y se puso eso así (agrupó)de gente en la puerta del autobús y se quedó un carajo mirándome y dijo “ese catire que va ahí lo vi yo el primer día de la pelea” y dice otro ¿Y tu porque no lo mataste?” y le contestó “Porque se me desapareció” dije yo que coño e `madre como me va a conoce tan repente me vio de pasada y me va a conoce y además yo no estaba en guerrilla. Entonces dijo otro carajo: “Bajen a ese carajo de ahì pa` mételo pa la montaña” entonces dije yo, ya esta listo estos lo que quieren es matame. Se paró el teniente que iba encargado de la Comisión y dijo “Yo cargo un papel aquí, no me bajen a nadie yo cargo esta lista y tengo que entregar a esta gente completa.” Entonces, me salve, porque concho, si me han llevado para la montaña no vengo más nunca. Me hubieran matado, si lo que querían era matarme.

Me llevaron al Cuartel San Carlos, tres meses y luego cuatro meses en la Isla de Tacarigua, allá no nos golpearon, cuando estábamos aquí si nos jodieron (San José de Guaribe).
Cuando salí, me dijeron que no volviera pa` allá porque me iban a matar, y les dije pero si yo allá es que tengo lo que tengo, como no voy a volver, “bueno si te vas pa` allá te vamos a mata”, por el simple hecho de colaborar con la guerrilla, haciéndole compra de comida, vendiéndoles un cochino, le vendía una carga de casabe.

A mi me defendió un abogado de nombre Marcos José Risquez que es de Altagracia de Orituco, y delante del juez (Coronel) me preguntó “¿Que hizo usted?” le dije no he hecho nada, y me dice “¿porque esta preso? Yo estoy preso porque me acusaron de colaborar con la guerrilla entonces el juez me dijo¿Y como colaboraba? Yo le vendía, casabe, cochino y o alguna cosa que me encargaban yo se las traía y me dijo “no hombre usted esta en su casa, usted esta en lo suyo pa` vendérselo a quien se lo compre y a quien se lo pague mejor”. El juez era un Coronel me dijo “bueno muchachos nosotros los trajimos aquí a ustedes para hacerle una declaración indagatoria, que llamamos nosotros, porque tenemos en conocimiento que ustedes tienen un expediente falso levantado a fuerza de plan de machete y culata de fusil”, así me dijo, “aquí no hacemos eso, aquí no hacemos eso, usted aquí dice lo que usted hizo y más nada, no se obliga a nadie a decir lo que no ha hecho pa` poderse salvar de una planazòn o una golpamenta que le den” y justamente después que me pasaron pa` Tacarigua el abogado me mandò a decir “Dígale al catire que se acuerde de mi que ya va a salí”.
Pasamos un diciembre allá en la Isla de Tacarigua, un 31 de diciembre comiendo hallaca y bebiendo fresco y bailando en la cárcel de la Isla de Tacarigua.”

Testimonio recogido en la población de San José de Guaribe Estado Guárico en septiembre de 2005, enviado a la Comisión Especial de la Asamblea Nacional que investigó las torturas, desapariciones y asesinatos durante la década de los años 60, 70 y 80 en Venezuela.

Aldemaro Barrio Romero