martes, 1 de abril de 2008

INSEGURIDAD E IMPOTENCIA: DOS CARAS DE UNA MONEDA


El tema de la seguridad en Venezuela es tan complejo como lo pueden hacer la hipótesis de la generación de atracos, asesinatos, sicariatos y demás variantes delictivas cuyo propósito es crear un ambiente de aparente ingobernabilidad, todo perfectamente calculado por los más oscuros propósitos de desprestigiar al gobierno y multiplicar la matriz del desconsuelo en los habitantes, fuertemente golpeados por la emocionalidad de los hechos trágicos y por la subsiguiente campaña mediática de carácter incuestionablemente terrorista.

Nadie es capaz de ser indiferente ante la muerte trágica y violenta de una o un venezolano, sea de la condición que sea, más todavía cuando la muerte violenta se registra con algún miembro del círculo familiar, en el ámbito de los amigos o incluso en el laboral.

Las estadísticas indican que la mayoría de las muertes violentas ocurridas en Venezuela son producidas por armas de fuego, atribuidas a actos criminales (atracos, asaltos, riñas entre bandas o ajustes de cuenta por tráfico de drogas etc) sin embargo cual es el impacto a nivel de la psique colectiva y como los medios magnifican esos sucesos con escenas y crónicas periodísticas que ya son graves y que derivan en paranoia colectiva, es lo que nos proponemos analizar.

Si bien el problema de la delincuencia y los homicidios en Venezuela como en cualquier sociedad en grave crisis ética y moral, no debe verse como normal sino como un acicate para generar un clima propicio de paz y seguridad total, resulta un problema de dimensiones importantes, especialmente si reconocemos la presencia del paramilitarismo colombiano en sectores populares de las ciudades más importantes del país, con el claro propósito de promover un clima de violencia generalizada.

La “realidad” que observamos en los medios privados, especialmente en los periódicos y que “certificamos” con nuestra propia experiencia pareciera un rompezacabezas perfectamente diseñado para incrementar el sentido de desconsuelo y las matrices mediáticas de la derecha contra los aciertos del gobierno bolivariano en política internacional y acciones internas sobre aspectos vinculados con la seguridad, que son temas muy sensibles pues tocan las emociones y a las que todos nos exponemos.

Si revisamos los periódicos El Universal y El Nacional de las más recientes ediciones nos damos cuenta que se trata de un plan perfectamente diseñado para incentivar incertidumbre y desconsuelo sobre los logros que el Gobierno Revolucionario ha alcanzado: El Universal 30 de marzo 2008 “Las cifras oficiales hablan de un incremento de 87,9% en los asesinatos; El Nacional 30 de marzo “En Caricuao y Macarao reportaron 11 muertos” En Sebucán un antisocial mató de cuatro tiros a Jonathan Zambrano, camarógrafo de una productora de comerciales,El cadáver de Elvis Ortega estuvo en el callejón más de cinco horas”; Ultimas Noticias 30 de marzo “Familiares del GN asesinado dicen que la delincuencia "está bajando del barrio a la calle"

En fin, verdades o medias verdades que el pueblo enfrenta día a día y que uno como revolucionario debe comprender a la luz de una guerra que se libra en diferentes frentes, tanto en el barrio o en la cuadra con los antisociales y otra en los medios como promotores de matrices negativas sustentadas en verdades que no podemos ocultar y que la mayoría gente tiene que lidiar en sus conciencia abarrotadas de desconsuelo por la diaria exposición.

Lo que podemos inferir es que el Gobierno y pero especialmente el pueblo debe comprender que existe complicidad de las agencias internacionales del terrorismo, llámese CIA o Pentágono, ocultas en las manos de delincuentes comunes que son usados como operadores para generar situaciones caóticas, asesinatos no de notables de la oligarquía sino gente del pueblo, para precisamente crear en ambiente apropiado para que los medios privados descarguen sus baterías contra operadores eficientes del Gobierno Revolucionario.

Como se explica que en el asalto al Banco Provincial de Altagracia de Orituco(Guárico) en enero 2008, los primeros en conectarse con los delincuentes fueron Noticias RCN en Colombia y Globovisión en Caracas, como se explicamos tantos titulares diarios de los periódicos venezolanos, adscritos a la Sociedad Interamericana de Prensa, que se desmadran en dar expectacularidad negra a la sección de sucesos, cuando se producen logros contundentes en el área de seguridad.

No obstante, el frente de lucha contra la delincuencia común que ahora puede estar asociada sin saberlo a factores mayores desestabilización política, no excusa las tareas de inteligencia que los cuerpos de seguridad deben implantar incluso desde adentro, ni tampoco el protagonismo discreto de la inteligencia social de carácter preventivo par abortar y neutralizar los planes oscuros de quienes juegan con la muerte.

De descubrirse las evidencias probatorias de este plan se pondría de manifiesto uno de los escándalos más sorprendentes en la historia de este país y deberían considerarse acciones punitivas para neutralizar este tipo de acciones que hasta ahora solo han ocurrido en novelas y película de ficción, pero que nuestra realidad nos obliga a denunciar, por que son muchas familias que hoy son afectadas por las tragedias de la muertes violentas.

Aldemaro Barrios Romero
venezuelared@gmail.com

miércoles, 26 de marzo de 2008

Tomuzas: un basto territorio por descubrir




Palabras de Pedro Calzadilla A. en el acto de presentación de la novela Tomuzas, Altagracia de Orituco el 1º de marzo de 2008, en la Alcaldía del Municipio José Tadeo Monagas.

Debo comenzar agradeciendo al amigo y camarada Aldemaro Barrios por invitarme a decir algunas palabras en este acto de presentación de su libro Tomuzas. Igualmente mi reconocimiento al Alcalde Carlos López por patrocinarlo. Mis cordiales saludos a todos los asistentes a este extraordinario evento.

Lo primero que quiero expresar es que esta novela de Aldemaro me la leí como decimos en criollo de un solo tirón. No la cerré hasta que leí la última página.
Ahora bien, se sobreentiende que cuando a uno lo invitan a un acto como este es para que opine sobre la obra, sin embargo, permítanme ustedes, antes de ofrecer mis modestos comentarios sobre el libro, recordar algunos datos de carácter histórico que tienen mucho que ver con el eje temático de la obra. Aldemaro con este libro nos brinda una excelente simulación de un trozo de la historia colonial de Venezuela (más o menos entre 1600 y 1654) correspondiente al espacio geográfico que comprende la región de Barlovento, incluyendo el sistema montañoso de la Serranía del Interior que degradan hacia el Oriente del país; la depresión de Unare con sus humedales costeros Píritu y Unare, hasta la cuenca del Neverí y las estribaciones de la Cordillera del interior que se extienden hacia la parte norte de los estados Guárico y Anzoátegui. Este basto territorio en el período prehispánico estuvo habitado por pueblos de habla caribe de bastante diversidad cultural, entre los cuales se pueden mencionar las tribus cumanagotos, píritus, quiriquiris, cores, chacopatas, palenques tesermas, guaribes, guaiqueries y, por su puesto, los famosos, y ahora más famosos tomuzas, gracias a Aldemaro.
Como dije antes se trata de una ficción histórica que exalta el espíritu rebelde de los pueblos caribes que ocuparon esos territorios al momento de enfrentar a los invasores españoles que durante casi un siglo tuvieron que pelear duro para poder conquistarlo. Es decir se trata de un pedazo de la historia de la conquista de Venezuela por el invasor europeo pero vista desde el lado de los invadidos. En otras palabras, este libro contiene la otra visión, la visión del conquistado, presentada por el autor en forma novelada.
Cuando leemos a los cronistas de indias y más aún en la literatura posterior, siempre se nos presenta la versión europea, la llamada visión eurocentrica, en donde con escasa frecuencia se encuentran referencias a la resistencia indígena en algunas regiones muy localizadas del país. Es más, en múltiples ocasiones se nos muestra una relación absolutamente idealizada donde los invadidos esperan con regalos, con presentes, a los invasores y se someten de muy buena gana a la dominación. El más claro ejemplo de ese amor de los indígenas hacia sus invasores, que era resultado en los textos de historia cuando estudié mis primeros grados, no se si todavía sucederá lo mismo, fue el amistoso recibimiento, que supuestamente le tributó Manaure, cacique de los caquetíos de Coro, a Juan de Ampíes Avila, allá por el año 1527. Pero en esos mismos textos no se encuentra ninguna mención al violento rechazo que sufrió Alonzo de Ojeda veintiocho años antes cuando trató de ingresar a la misma región por Puerto Flechados.

Leyendo a Tomuzas recordé unas obras del autor norteamericano, Hoeard Fasta, ya fallecido, que llegaron a mis manos en los años cincuenta. Se trata de unos libros que exaltan el espiritu de resistencia de los pueblos frente al invasor, sus títulos son: La ultima frontera, Mis gloriosos hermanos y Espartaco. Especialmente La última frontera, que se refiere a la ocupación de una parte del territorio norteamericano por los invasores ingleses.

Los recordé porque el libro de Aldemaro, guardando las distancias que existen entre la primera novela un joven autor y un consagrado escritor con Fast., tratan sobre el mismo filón: la lucha de los pueblos oprimidos contra los opresores. Ajalá y con este libro se inicie una literatura de rescate de la rebeldía de los oprimidos de otras épocas, no solo de los indígenas, sino también de los esclavos y de los campesinos.
.
Volviendo al territorio y al asunto que nos ocupa, hay que decir que de las costas de Tierra Firme, así fue como llamaron a lo que hoy es Venezuela en aquellos años, esta fue la única porción que permaneció inconquistada por los españoles hasta 1654. Barlovento, Unare y Neverí fueron tierra vedada para los invasores. Si hacemos un recuento de la fundación de ciudades: Coro, 1527; Barquisimeto, 1552; Valencia, 1555; Tocuyo, 1557; Mérida, 1558; San Cristóbal, 1561; Caracas, 1567. Todas situadas en Occidente y Centro del país. La única excepción, fue la fundación de Cumaná en 1569, después de haber sido frustrada su fundación en varias ocasiones por la oposición violenta de los indígenas.
Oficialmente se reconoce como fecha de la fundación de Barcelona el mes de febrero de 1638, es decir pasaron más de cien años desde la fundación de Coro en 1527 para que los españoles pudieran establecerse sólidamente en territorio de los caribes orientales (cumanagotos). Y no es casual que el fundador de Barcelona el catalán Juan de Orpín o Urpín tuviera que dar un amplio rodeo para poder llegar al territorio para el que había sido designado Gobernador y Capitán General en 1631. Tuvo que irse por los llanos centrales y tomar como base de operaciones a San Sebastián de los Reyes fundada, como sabemos los gracitanos en 1585 por Sebastián Díaz de Alfaro. Efectivamente Orpín no pudo tomar posesión de sus dominios tomando una ruta más corta porque se lo impedían los caribes de la costa.

Todas estas referencias a fundación de ciudades y hechos históricos viene a cuento por que es la demostración de que la novela de Aldemaro no es producto de una cabeza caliente que quiere de cualquier manera convertir a nuestros indígenas en héroes de una guerra inexistente. No, la resistencia existió como mínimo durante cien años y fue violenta, y en ella se produjo la muerte de no pocos españoles y el exterminio casi total de los pueblos caribes de la costa oriental, y los que no fueron exterminados tuvieron que refugiarse del otro lado del Orinoco, en las selvas de Guayana.
La mayoría de los autores de ficción siempre reconocen que dentro de sus obras siempre hay algo de sus vivencias, es decir, de alguna manera son autobiográficas. Leyendo este libro no pude menos que imaginarme a Aldemaro remontando intrincados senderos de las montañas de El Bachiller, atravesando ríos y chorrerones de aguas heladas, disfrutando de la frondosa vegetación y de la diversidad de animales de la selva y sobre todo interrogando a los pobladores, indagando sobre sus antepasados, sobre los mitos y leyendas, sobre hábitos y costumbres. Es decir de cierta manera el autor debe haberse extasiado con muchos de los pasajes que embellecen su obra. Y digo esto porque en Tomuzas lo primero que a uno lo impresiona es el exhaustivo conocimiento que el autor tiene de la geografía, de la toponimia, de la flora y la fauna de la región.
Otro aspecto a resalta en esta novela es la enorme figuración literaria que uno encuentra en casi todas sus páginas, metáforas bellamente construidas y casi siempre referidas a la cosa natural, animales y plantas.
Aparte del bello estilo literario mostrado por Aldemaro en esta obra, por último quiero hacer énfasis en su contenido, llamémoslo político, es decir, resaltar la importancia que tiene en estos tiempos de recuperación de la memoria histórica de pueblos olvidados, marginados como lo estuvieron por siglos las culturas originarias, la aparición de libros como este se convierten en referencia obligada y ejemplo a seguir por los jóvenes creadores.
Conociendo el espíritu emprendedor y la voluntad y capacidad de trabajo del amigo Aldemaro, no dudo que este nuevo camino que ha emprendido lo conducirá a regalarnos con nuevas obras de su frondosa imaginación. Para concluir diré como en algún momento dijo un conocido escritor: “Escribir es un oficio, el escritor se hace escriendo”. Aldemaro: iniciaste ese camino como un indio tomuzo, con muy buen pie y al trote.
Muchas gracias a todos por su atención.

martes, 25 de marzo de 2008

Tomuzas, la novela del pueblo perdido




Por Miguel Lozano (Prensa Latina)*
Caracas.- Sin ser restaurador, el venezolano Aldemaro Barrios Romero emprende en su novela Tomuzas un ejercicio de recuperación cultural, mediante la ficción, de una etapa escamoteada que podría cambiar algunos conceptos históricos.
Investigador, analista y cronista, Barrios Romero entrega en 2008 al público latinoamericano un título que, como corresponde al género de la novela histórica, entrelaza muerte y amor con historia y ficción para ofrecer una obra singular por su lenguaje y enfoque.
El libro desmiente la historia contada y asegura que los españoles fueron derrotados durante 200 años por los tomuzas, diestros en emboscadas, que dominaron la pólvora y las técnicas de inteligencia, sólo doblegados por el crucifijo y la desculturización.
Los tomuzas están, desde ahora, también presentes en una novela indispensable para quien esté interesado en dar respuesta a la eterna pregunta ¿de dónde venimos?. Sobre esto Prensa Latina conversó con su autor: -¿Cuáles fueron las motivaciones para escribir esta novela con un contexto poco usual? -Ante todo, el reconocimiento a una historia nunca contada. Hay investigaciones de autores, desde misioneros como fray Antonio Caulín hasta Marc de Civrieux, un etnógrafo franco venezolano, que revelan el episodio poco conocido de 200 años de guerras.
Historiadores reconocidos como Iraida Vargas y Mario Sanoja, afirman que, durante ese período, la guerra no fue ganada por los españoles militarmente.
Al darse cuenta de que por la vía militar no podían ganar, la Iglesia resolvió el problema al desmontar los valores que sostenían culturas como la de los tomuzas, desde el punto de vista del lenguaje, manifestaciones culturales y formas de expresión.
Esa es una de las motivaciones que me llevó a pensar que es necesario revelar historias, aunque fuese en formato de ficción, pero sustentadas en una plataforma de investigaciones.
-¿Qué pruebas hay de eso? -Hoy en Venezuela, entre Caracas y Maracaibo, hay ciudades de importancia político-histórica (Barquisimeto, Maracay, Valencia) pero entre Caracas y Barcelona, en el oriente, donde los tomuzas tenían influencia no hay ciudad de importancia, salvo Barcelona.
Eso es precisamente por la resistencia de tipo militar: no pudieron asentarse los españoles en esa distancia de unos 400 kilómetros.
También se nos ha dicho que una causa por la cual los aborígenes erdieron la guerra fue porque los españoles usaban mosquetes y dominaban la pólvora, y los aborígenes flechas y macanas.
Sin embargo, hay un período cuando los cumanagotos, cores y tomuzas aprendieron a usar la pólvora, e incluso los mosquetes, porque se asociaron los holandeses que de manera oportunista los utilizaron para debilitar las fuerzas españolas.
-Pero ¿por qué el formato de ficción? -En principio porque desde el punto de vista documental histórico hay indicios y señales pero no la historia totalmente construida por varias razones: una de ellas que eran ágrafos y la única forma de reconocer un valor olvidado es a través de la ficción.
-¿Cómo se articula el basamento histórico con la trama? -Hay un personaje central, el cacique Kurúpira, quien dirige y coordina el enfrentamiento con los españoles y organiza a las familias para provocar la unión entre etnias.
Es una intención de darle protagonismo a un personaje vinculado con una doctrina, si se quiere política, la de la unidad de los pueblos.
Kurúpira, en la novela, logra unir a grupos como kores, tesermas, guamonteyes, guarinos, en unas reuniones de jefes de grupos y les aclara en sus palabras que es necesaria la unión de los pueblos para enfrentar a un enemigo poderoso.
Además hay pasajes del amor entre los aborígenes, para reflejar cómo en su cosmogonía concebían el amor, cuál era esa relación y cóomo había -testimoniado- grupos comandados por mujeres muy fuertes, tanto o más que los hombres.
La novela refleja la dignidad del aborígen. Su lucha no era de exterminio, sino de supervivencia, en función de valores ancestrales y de ritos. Los aborígenes batallaban, se retiran y podían hasta recibir a los españoles derrotados sin tomarlos prisioneros.
Incluso los aceptaban dentro de su grupo humano. En la novela hay una historia de una teserma de nombre Totoi, que rescató a un español abandonado. Ellos se enamoran, hacen una familia y él se asimila a la cosmogonía aborígen.
El libro queda abierto para una segunda parte, el período que va después de 1630 -creo que es similar en toda Latinoamérica-, cuando los españoles se dan cuenta de que por la vía de las armas no podían imponerse sino por la lengua y la dominación cultural.
-¿Esa sería su segunda novela? -Sí, Tomuzas es la primera, aunque también tengo un libro de crónicas, De tierra fría a tierra caliente, génesis de este trabajo.
Fue publicado en 2005 y retrata una región del norte de Venezuela entre el llano y la montaña. Allí hay una variación cultural de raíces afros, hispanas y aborigen.
-¿Qué actualidad atribuye a hechos ocurridos cuatro siglos atrás? -La lucha de resistencia sigue. Hay un enfrentamiento con un país neocolonialista como Estados Unidos. Nos enfrentamos a la misma resistencia en el ámbito de las ideas y de la cultura.
Estos son valores para tomarlos como armas de conciencia hacia lo que somos y por qué somos.
lma/ag/ml *Corresponsal de Prensa Latina en Venezuela PL-58

lunes, 24 de marzo de 2008

Encorvado y pata chueca


Los embarrialaos pasajeaos de Jorge Guerrero

Pocas veces escribo sobre autores de la música popular sin que ellos hayan demostrado una verdadera vocación y profundidad de la canción enraizada en la manera que el pueblo venezolano canta y siente. En este caso me refiero a Jorge Guerrero y las composiciones de sus último disco titulado “El Sentimiento Guerrero” del año 2007 hecho con toda seguridad en la compañía de un cuatro lastimero cobijado en la sombra de un laurel sabanero.

Me anima escribir para dejar constancia de esa poesía llana y desgarrada de la que él es exponente, a pesar de ser acechado por el negocio del disco y las mañas mercantiles que han acompañado a muchos interpretes y autores de la música llanera venezolana a quienes han convertido en patiquines estilizados disfrazados de cawboys norteamericanos cuando no desvirtuando la esencia de la poesía llanera que evoca el paisaje, lo épico, el amor, mujer o las costumbres, faenas de arraigo que el llanero cuelga con los utensilios de trabajo cuando llega la tarde

El disco lo escuche por primera vez en un punto geográfico conocido como Tierra Blanca en Pariaguán, precisamente estaba escondiéndose el sol y los arreboles levantaban la tristeza de la tarde llanera, plana y franca de despedida al día y bienvenida la noche con una pareja de los mochuelos revoloteando la sabana para buscar cobijo a sus crías.

Las letras de ese disco están inscritas en la manera como el hombre llano se dibuja así mismo, “encorvado y pata chueca” tal y como la costumbre de montar a caballo le forma o deforma las piernas de acuerdo al arco de las costillas de la bestia que monta a diario para su sustento.
Los lamentos de sus canciones son cantadas por hombres rudos, a la manera de Pedro Telmo Ojeda, que luego de dejar el trabajo duro del día y de la semana se van a libar licor a los bares salvajes donde ya la rockola no señorea, sino los aparatos eléctricos que sirven de reproductores de los sonidos lamentosos de las canciones de Guerrero.

Escuché en Pariaguán a uno de esos hombres jóvenes imitando el canto lastimero de Jorge, como diciendo “ese es mi canto, así siento yo mi tristeza” quizás la misma de no ver coronada su felicidad, los propósitos de bienestar que han anhelado siempre los hombres de a caballo que aún hoy sobreviven con lo mínimo aunque trabajando lo máximo.

Le preguntó a Guerrero ¿Por qué el canto lastimero? Y respondió que en gran medida era producto de la nostalgia de no estar en el lar nacido, de la ausencia de la tierra querida. Esa es una de las características del llanero, mantener sus vínculos de pertenencia a lo local de su crianza, y en ese disco este cantautor describe con madurez interpretativa las emociones de la querencia al terruño.

Sin embargo además de la pertenencia a Elorza y más allá a Lechemiel, el sitio originario, a pocos metros de la frontera colombiana, de este lado del Arauca de donde es oriundo, está la reivindicación de la familia, los hijos y los recuerdos de la forma como tocaba su tío Esteban con un ritmo conocido como el “embarrialao” en la canción “Mis Laureles” al que Jorque Guerrero interviene con una nueva creación que él identifica como “embarraliao-pasajeao”.

El compás del “embarrialao” que se tocaba en invierno para tiempo de San Ramón y Santa Rosa, es una golpe de ritmo acompasado para bailarlo brazo estirado y dando vueltas como lo hace la Negra Antonia de Chaguaramas en el estado Guárico, cuando los bailadores y cantadores llegaban con las alpargatas llenas de barro que marcaban los pasos del piso de tierra en las casas donde se hacían los bailes.

Jorge Guerrero ha llegado a su madurez interpretativa, ensillando su mula para rejender lejos por los caminos de Venezuela y Colombia con su gesto sencillo y el humor a flor de piel, sin más pretensiones que la de un día volver a Elorza y a Lechemiel para ver crecer a sus nietos en el recuerdo de sus canciones que ya se fueron en bongo por los caminos de agua del norte de América del Sur.

Aldemaro Barrios Romero

miércoles, 5 de marzo de 2008

UN LIBRO COMO ARMA


Presentación del libro "Tomuzas: alba de la resistencia aborigen" en Altagracia de Orituco.


Recientemente envié un mensaje al chateador del portal en internet Orituco.com y me encuentro con una tripa de mensajes que me permitieron entender como piensan algunos gracitanos u orituqueños especialmente jóvenes sobre su propia tierra y sus gentes, sobre sus realidades y sus irrealidades. Este tipo de encuentros nos permite sumar al diagnóstico, la caracterización de varios elementos que consientan perfilar la psicología social de nuestros hermanas y hermanos guariqueños.

Encuentro mucha autonegación, mucho de baja estima, luchando contra el reconocimiento de cómo somos y de donde venimos históricamente, del orgullo de ser de esta tierra y en esa lucha aparece esta arma convertida en libro cuyo título es: Tomuzas: alba de la resistencia aborigen, que fue presentado en Altagracia de Orituco el pasado sábado 1 de marzo.

Desde que los españoles vinieron a suplir con sus palabras, ríos, tierras, gente, venimos perdiendo espacio cultural y negándonos a nosotros mismos, estigmatizando nuestros propios valores, desconociendo el valor del otro y desde siempre criticando de manera hiriente al que hace, para no hacer nada, para qué? para acabar con nosotros mismos sin darnos cuenta.

Estoy hablando de febrero de 2008, no de febrero de 1630, sin embargo persiste el espíritu de negación de lo autóctono, la negación de nuestros propios valores morales y éticos y lo más importante el ocultamiento o desaparición de nuestras propias realidades para suplirlas por artificios culturales extraños, descontextualizados de nuestra propia circunstancia.

Muchos de los investigadores, cronistas, antropólogos, etnógrafos e historiadores que recorrieron o escribieron sobre el Orituco para determinar las fuentes étnicas que vivían en los parajes al pie de la Serranía Maestra del Interior, nos hablan de los Palenques, la designación que hicieron los documentos y crónicas hechas por los frailes franciscano o dominicos, o por los escríbanos de las encomiendas o incluso por historiadores coloniales españoles que basaron sus documentos en cuentos de oficiales o soldados que viajaron de América a España desde donde escribieron sus relatos.

Pero pocas veces hablan de los guamonteyes, los guarinos y rara vez de los oritucos, porque para los españoles se resumía mejor aquella familia étnica como Palenques, los que hacían fortificaciones con palos.

Muy pocas veces se escucha o lee sobre los Tomuzas o Tomuzos como los identifica el historiador Pedro Calzadilla Alvarez, y si le preguntamos a cualquiera que significa tomuza: nos dira pelo enmarañado, cabellera larga desordenada
A la perdida de las palabras, sigue la perdida de la identidades, voces que han sido sustituidas, olvidadas, boarradas como, precisamente, el primer acto colonial de dominación no permitir que los dominados reconozcan sus identidades y sus pertenencias a la tierra a los ríos, a los bosques o montañas, incluso su propia cédula de identidad que nos reconoce como venezolanos, hoy día.

De manera que se trata de una situación muy grave, sumamente delicada, la tarea que nos convoca a reivindicar nuestras identidades, a investigar de donde venimos y difundir nuestras verdades a los cuatro vientos y por todos los medios, si nos queremos, y si no queremos que nuestros jóvenes respeten y admiren prototipos culturales del pensamiento único derivado de las pautas musicales o conductuales de la televisión privada venezolana (salvo excepciones) que a su vez tiene las pautas de las grandes empresas de comunicación anglosajona en vez de nuestra colorida diversidad cultural.

Y pregunto ¿No es acaso eso lo que ocurre hoy? Porque los muchachos identifican mejor un ritmo y un cantante regaee que a Pablo y Pablito Arocha, compositor e interprete de una magnifica bandola en el Orituco, porque los niveles de exposición y aprendizaje del primero tienen mayor frecuencia que los segundos.

Y que hacer?. Bueno un plan de promoción de los valores locales, pero es necesario levantar diagnósticos de lo que hemos tenido y tenemos en términos de nuestra historia pasada y reciente, de nuestra palabra hablada y escrita especialmente en los llanos del olvido.
En todas las manifestaciones posibles a través de todos los medios posibles.
Esa es la tarea fundamental de los mandatarios pero también de la gente del barrio o caseríos al combinar esta acciones que son del mundo cultural con las del embellecimiento de la ciudad en la participe la comunidad para lograr enamorar a los propios y extraños de nuestras valores espirituales y materiales.

Es un acto de amor a una mujer madura que se llama Venezuela y que ha sido golpeada por el tiempo y las malas gerencias, pero también de la indiferencia de sus propios habitantes, es una herida que tenemos que curar en todo el territorio nacional, estar concientes de que ello nos ocurre a todos y que para superar debemos desamarrarnos las vendas y ser autocríticos construtivos.

Reconocernos en los valores antiguos y originarios el orgullo del guerrero aborigen, la fuente principal que nutre una revolución como la de hoy y ese conocimiento fortalece el cuerpo ético y moral de los hombres y mujeres que aquí habitan. La manera de ver el cosmo de nuestros aborígenes y la combinación del mestizaje cultural posterior al siglo XVI nos permite ver y hacer la vida de colores distintos a los que ven hoy día los europeos o los norteamericanos.

Finalmente mi infinito agradecimiento a la gente de Altagracia y de Guaribe con su voces, y sonidos originarios, su bandola montañera y sus memorias cálidas y familiares, especialmente a Carlos López, Pablo Arocha y Pedro Calzadilla Alvarez, pilares culturales de la región y a todo su gentío de luchas por reindicar valores de la cultura e la historia local, mil gracias.

Aldemaro Barrios Romero
venezuelared@gmail.com

martes, 4 de marzo de 2008

LAS FRONTERAS CALIENTES

Pedro, un amigo periodista me dice: “Yo creo que lo de Colombia no va pasar de allí, es la guerra del micrófono”. Yo le dije puede ser, le doy el beneficio de la duda, pero de que antes había estado tan tensa y caliente la frontera colombiana por todos lados, de manera simultanea, es nuevo.
Lo que si está claro es que Uribe juega con fuego amparado en el respaldo del poderío militar estadounidense, de sus aventuras planificadas y esta vez con armas sucias, rastreras, utilizando personajes oscuros y siniestros como voceros, para no aparecer él como actor principal sino de reparto, me refiero primero a Uribe y luego a Bush

Hace poco el diario El Tiempo de Colombia, destacó un reportaje sobre el uso de serpientes venenosas para hostigar prisioneros, torturados para luego ser exterminados por paramilitares colombianos y que estas muertes no aparecieran como masacres por lo que serían denunciados y descalificados en la opinión pública.

Esa práctica aunque, con un método más perverso, es la que está utilizando Uribe, y que le dio justificación a la descalificación de los militares colombianos en el espectro internacional por los usos de masacres contra el pueblo colombiano que hoy han heredado los llamados paramilitares, sólo que ya es muy evidente.

El gobierno Colombiano ahora necesita posicionarse como víctima y necesitará unas cuantas serpientes venenosas para hacer creer al mundo, a través de los sunamís mediáticos, que lo que se trata es de la paz y que “los que quieren la guerra son los que apoyan a la FARC y los que mueven sus tropas hacia nuestras inocentes fronteras”.

Contradictoriamente las órdenes de Washington es atacar y seguir atacando el proceso de paz y acuerdo humanitario porque ha debilitado la torpe gestión de Uribe en el cumplimiento de las órdenes emanadas desde las mesas de análisis que hoy asesoran a su gobierno y especialmente al Ministerio de Defensa Colombiano, ubicados en las bases norteamericanas destacadas en territorio colombiano.

Los llamados contratados, que para nuestro español, son mercenarios, serán quienes le darán los resultados de los análisis que anuncio el jefe de la policía colombiana y quienes tienen montado juegos de guerra en ordenadores pagados por el Plan Colombia o Patriota que es lo mismo, financiados como sabemos por el Gobierno de EEUU.

Una de las estrategias de ese juego de guerra es la provocación y en ella no debemos caer sin desproteger nuestra soberanía, la otra es la constancia y persistencia de la guerra de baja intensidad con mentiras y patrañas rastreras a través de los medios, dirigidas a confundir y tergiversar inteligentemente los pueblos del mundo. Es decir están preparando el terreno para una acción más contundente.

Ustedes pueden imaginarse a esos “contratados” practicando el videojuego de la guerra en la región, cualquier cosa puede resultarles, cualquier aventura o locura que los ponga en la línea de las estrategias del Pentágono, cualquier cosa. El camino esta trazado, solo les falta esperar, pero vienen por el objetivo, neutralizar a Venezuela, Ecuador y Bolivia y sus gobiernos revolucionarios y paralizar el proceso de emancipación regional.

Por ello, amigo Pedro, decir que la crisis no pasará de allí es una ingenuidad, porque aquí lo que se está jugando es el destino de los recursos petroleros de Venezuela y Ecuador y el aseguramiento de la materia energética de una región para suplir el mercado norteamericano en los próximos cien años. Es decir la sobrevivencia del imperio.

Se trata de un Plan, con objetivos claros y definidos, yo también quisiera pensar que se trata de una crisis coyuntural, pero me temo que no es así y que lo que se quiere en el futuro inmediato es generar un conflicto armado para justificar el llamado del Consejo de Seguridad de la ONU y luego anunciar una intervención multilateral donde por supuesto los gringos tendrán el papel protagónico para recomponer la región y lanzar el grito de ¡alboroto! El más fuerte se queda con todo.

Pareciera un juego de niños, y es un juego, pero de guerra y de las más sucias.

Aldemaro Barrios Romero
venezuelared@gmail.com

viernes, 15 de febrero de 2008

LAS HISTORIAS QUE DEBIAMOS CONTAR


Tomuzas: alba de la resistencia aborigen.


¿Cómo hablar y escribir sobre un tema que puede o podría resultar fastidioso?Alertar el interés sobre el pasado tomando en cuenta lo dicho por Eduardo Galeano:

“Celebración de los vencidos y no de los vencedores” y al salvamento de algunas de las más antiguas tradiciones del continente, como el modo de vida comunitario. Porque es “ de nuestras más antiguas fuentes” de donde América puede sacar sus fuerzas vivas más jóvenes: “El pasado nos habla de cosas que interesan al futuro”

Characos, Guariguatas, Yaguaratas, Canaches, Tabares, Canelones, Guamonteyes, Guarinos, Oritucos y otras familias que hoy viven las angustias de un pueblo que esta decidido a reivindicarse, aún con toda la pasividad que pueda mostrar o los arranques de cólera que le arrebaten la calma cuando las aguas furiosas del Guárico, el Orituco o el Guaribe le levanten de asombros para decirles desde sus entrañas que esta cansados de sequedades y que necesita la frescura de sus vegas arrasadas por la depredación y la inconciencia de siglos de depredación.

Esos mismos personajes están memorados en el libro “Tomuzas: alba de la resistencia aborigen”, y que por primera vez son tomados en cuenta como elementos históricos aunque fueran sometidos a un acto de creación, respetando lo escrito por el periodista e historiador Pedro Calzadilla Alvarez y las crónicas e investigaciones de Carlos López Garces entre otros.

Como hemos sido advertidos que el silencio mediático es cómplice de la ignorancia, tal y como nos muestran la historia verdadera y diaria de la revolución bolivariana, igual se nos había negado la posibilidad de conocer las historias de nuestros ancestros, entonces tenemos la obligación de armar el rompecabezas de lo que dijeron los cronistas españoles, los curas dominicos y franciscanos, algunos de los cuales dejaron testimonios escritos que ahora tenemos que reconstruir.

Paradójicamente ese libro esta siendo distribuido en la esquina de San Francisco donde se dice se inició la fundación de la ciudad de Caracas, como si el destino marca el rumbo de la justicia histórica y en la Librería Historia del pasaje Humbolt de Gradillas a Sociedad.

La informaciones recogidas por cronistas medievales, como Pedro de Aguado, Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez y Francisco Lopez de Gomara fueron relatos llevados por soldados y oficiales que viajaban a España desde América, muchas de esas historias luego sistematizadas por estos letrados, casi todo eran ficción aumentadas o reducidas según el interés de quien escribía u ordenaba escribir.
El etnólogo franco venezolano Marc de Civrieux en su libro “Los Cumanagotos y sus vecinos” (Fondo Editorial del Caribe 2005) destaca que ninguno de esos tres cronistas, Pedro Aguado, Fernandez de Oviedo y López de Gomara, nunca visitaron personalmente Tierra Firme en América.
Más las crónicas de los padres franciscanos partidarios de la doctrina de Bartolomé de las Casas, quienes dejaron testimonios desgarradores del sufrimiento aborigen americano, pero también de sus virtudes como seres humanos.

Desde entonces nos han tenido engañados, pero llegó la hora de desengañarnos, de reconocer nuestra propia historia y nuestros propios valores, como una obligación, como un deber, pero sobre todo como un derecho.


Analizando la psicología del venezolano, del que habla en la Plaza Bolívar, del que habla en la esquina sobre sus problemas, de los acontecimientos domésticos, los chismes con salero de pueblo donde el candelero del invento aviva la llama del interés prohibido, veo la necesidad de estimular la esperanza de un mundo mejor posible, en la que todos tengamos oportunidades para el trabajo y la producción y que el dinerillo obtenido dignamente no le falta a la madre para la comida y la ropa y lo necesario para vivir dignamente.

Siento que hay que aumentar la estima por si mismo, de elevar su orgullo de campesino o del citadino y de sus valores de ciudadano, cuando uno habla con un pueblerino hay un discurso desesperanzador entre las líneas de sus palabras, que denota un reclamo y la gran responsabilidad por elevar los valores ciudadanos están en manos de los mandatarios locales por sus propios actos hasta hora creo en quienes están al mando del gobierno municipal, alcalde, concejales, consejos comunales, todo aquel que ostente el poder popular conferido en las elecciones y de acuerdo a la ley, tiene ese deber.

Los venezolanos todavía nos encontramos ante la encrucijada de avanzar o retroceder. Es imperdonable la irresponsabilidad de los funcionarios públicos al no cumplir y dejar en manos de algunos contratista la administración de la hacienda pública, nunca antes había hablado de esto, personalmente lo lamento, políticamente la indiferencia pública es el peor castigo para un ser social, pero lo que es del pueblo no se debe dilapidar y el peor enemigo de la Revolución Bolivariana.

Necesario es tener una visión estratégica, para resolver el grave problema del agua que es el problema del ambiente y sus recursos, incluyendo el humano.
Muchos que comparten lo que escribo están hoy presentes, a otros se los llevó Dios, pero todos hemos estado empeñados por años en darle una vida digna a este pueblo, varios décadas van, y algunos resultados vemos, pero hace falta más, en mejorar el agua, el ambiente, la salud, sus calles y caminos, la formación de sus niños y adolescentes y en ese empeño seguimos de edificar un verdadero municipio bolivariano, en construir en cada caserío, en cada comunidad la posibilidad de tener una estructura social que no es extraña a la que tenían nuestros ancestros, es la socialista, que ya existe, aunque algunos medios digan lo contrario, el socialismo no nos es extraño, somos socialista por vocación y acción, aunque a veces no nos demos cuenta, sino como explicamos las cayapas conuqueras, la solidaridad humana que se mostró en la tragedia reciente, las relaciones económicas solidarias, eso es socialismo.
PATRIA, SOCIALISMO O MUERTE, VENCEREMOS SIEMPRE…..

Aldemaro Barrios Romero
http//:bitacoralba.blogspot.com